Marcos 7:14-37
En este relato vemos un milagro hecho por Cristo, si nos fijamos bien podemos ver dos. Pero la realidad es que la mayoría de las personas al leer este pasaje no ven ninguno de los dos milagros completos. Primero tenemos la liberación de la hija de la mujer sirofenicia. Este milagro increíble es hecho por Cristo. Anteriormente ya había mostrado tal poder ante los apóstoles y discípulos, el endemoniado gadareno es una de las demostraciones de poder satánico mas poderosas que tenemos relatadas en la Biblia, pero este milagro aunque similar hecho por Cristo tiene una variante. Quizá en esta ocasión Cristo no libero a la hija de la mujer de miles de demonios con una sola palabra, quizá tampoco Jesús recibió adoración de tal demonio ni la sumisión de tal ante su presencia. Pero Jesús logró algo aun más impactante. La libero a distancia. Mientras Jesús hablaba con la mujer, el espíritu que le atormentaba le dejo. El poder de Jesús ante las fuerzas de los demonios se extendía a distancias, no necesitaba siquiera estar ahí para poder liberarles. Muchos comentaristas usan el hecho de la desesperación de la mujer ante la necesidad que tenía, ¿A qué padre le gusta ver a sus hijos sufrir? ¿Cuánto está dispuesto un padre a hacer con tal de ver a sus hijos bien? El enfocarnos en su necesidad nos distrae del verdadero milagro. El milagro de la fe. No fue su petición, ni su insistencia, no fue ni siquiera la compasión de Jesús la que le concedió en esta ocasión el milagro a esta mujer. Fue su fe, una fe que Jesús califica como ‘mega’ fe. Una fe increíble, una fe que mueve montañas, una fe que trabaja a distancia, una fe que avanza en el tiempo. Pero no es por la enfermedad de su hija, veamos el texto con atención.
Jesús se encuentra en territorio completamente gentil. El pasaje inicia llevándonos a la región de Siria y Fenicia. Estos dos territorios habían sido unidos por el Imperio Romano y la región paso a ser Sirofenicia. Dos de sus ciudades importantes son Tiro y Sidón. Marcos 3:7 nos dice que habían venido a Jesús personas de estas ciudades oyendo de su fama y sus milagros. El evangelio de Mateo nos dice que ella era cananea, un pueblo que debió ser exterminado por los Israelitas pero ellos no siguieron la instrucción de parte de Dios. Esta mujer debía no haber existido. Otro detalle de esta ciudad es que fue la cuna de Jezabel y la cuna de la adoración a baal de la cual los Israelitas adoraron en el pasado exaltando la ira de Dios. Peor aún, el texto nos dice que Jesús buscaba privacidad, el tiempo de su ministerio en Galilea había terminado, ellos habían despreciado su enseñanza y sus milagros, Mateo 11:21 y Lucas 10:13 dice que si los milagros que fueron hechos en la región de Galilea hubieran sido hechos en Tiro y en Sidón, ciudades donde esta mujer vivía, ellos se hubieran arrepentido. Pero estos milagros nunca fueron hechos ahí, estas personas debían no existir, esta mujer tenía un pasado de idolatría y esclavitud a dioses ajenos, era griega, gentil y mujer y por otro lado Jesús deseaba privacidad, tiempo con sus apósteles, anonimato. Todo está en su contra, todo menos su fe. Esta es una mega fe.
No es una fe que cree que Jesús puede liberar endemoniados, no una fe que Jesús puede sanar, proveer, liberar, tocar, suplir y hacerlo a largas distancias. No, está fe es aun más grande, es una fe que rompe barreras, barreras de tiempo, de sangre, de herencia. El tiempo de los gentiles aun no ha llegado, como sabemos, llegará hasta los tiempos de Pablo, ella está alejada, extranjera, fuera del privilegio de tomar parte de los pactos y promesas de Dios. Pero eso no es lo único que describe su fe, su fe es una fe que entiende eso, lo acepta, no ve como lo necesario para no ser merecedora de la gracia divina y entonces merecerla. Jesús le responde: “No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel” (Mateo 15:24), Marcos 7:27 dice que él respondió “deja primero que se sacien los hijos, porque no está bien tomar del pan de los hijos y echarlo a los perrillos”. ¿Perrillos? ¿La llamo perrillo? Sí, es precisamente lo que hizo, perrillos eran pequeños perros que entraban a las casas y recogían migajas debajo de las mesas, no tenían porque estar ahí, no eran suficientemente grandes para tomar por ellos mismos, esperaban y se saciaban con las migajas de los hijos. ¡Mega fe! Su fe la lleva a creer que puede recibirla, no debe, ni puede, todo en su contra, pero ella cree. Su necesidad paso a un segundo término, ella no está por recibir el milagro de su hija, esta por recibir el milagro de la salvación, un milagro fuera de su alcance, un milagro imposible, pero “Para Dios, todo es posible”.
Números 21-22
De todas las experiencias que el pueblo de Dios tuvo durante su travesía por el desierto que nos son narradas en el libro de Números podemos ver una lección especial, vemos al menos tres cosas en cada una. Primeramente encontramos a Jesús, en segundo lugar podemos ver el control de Dios de la situación, tanto en el inicio, la razón y el resultado de cada una de estas situaciones y finalmente podemos ver la provisión de Dios en cada uno. Deuteronomio 8:15 nos cita algunas de estas. Entre ellas está de las serpientes ardientes. Después de todo lo que ha pasado, como la rebelión de Coré, y las al menos tres victorias narradas en estos capítulos, el pueblo sigue su queja con Dios. En esta ocasión Dios permite que sean mordidos por serpientes ardientes. Se dice que eran ardientes no en el que estuvieran hechas de fuego, sino, más bien en el hecho de que su picadura producía ardor como de fuego. El texto dice que Dios envía ‘serpientes encendidas’, gran mortandad es hecha en el pueblo por ellas, ante la plegaria de Moisés, Dios responde y le instruye que debe formar una. Cristo en Juan 3 hace mención de este suceso, Jesús esta mostrado en la serpiente de bronce hecha por Moisés.
La serpiente siempre ha sido el símbolo del mal. La forma que el mal tomó en el libro de Génesis fue de una serpiente. Dios le pidió a Moisés que formara una serpiente. Moisés tomó bronce y lo trabajó, tuvo que calentarlo y golpearlo con un martillo, debió golpear con fuerza, una y otra vez; cada golpe, cada hendidura, cada curva, cada doblez, hasta que tomara la forma de serpiente. El bronce fue golpeado hasta que tomó la forma de aquello que mordía al pueblo. De la misma manera, Jesús fue tentado, golpeado, abatido, escupido, humillado hasta que tomó la forma de aquello que habiendo mordido al hombre desde el principio, había traído muerte. El pecado, 2 de Corintios 5:21 dice que “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado…”, Isaías 53: 4 dice: “…herido de Dios y abatido” y el verso 10 dice: “Con todo esto, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento”. Cristo hecho en la forma del pecado, cada acción de Dios sobre su vida le formaba en aquello, no era una serpiente, era bronce formado en forma de serpiente. Increíble imagen, el bronce formaba el altar sobre el cual el cordero era atado, ahí ese cordero sobre el altar tomaba sobre si el pecado de aquel que le ofrecía, la inocencia del cordero era pasada al hombre, mientras que el pecado del hombre era sobre el cordero. El cordero moría por todos los pecados que el hombre había cometido. Este cordero sin haber cometido pecado pagaba el precio y el hombre recibía a limpieza del cordero. El verso 21 de 2 de Corintios 5 termina diciendo: “…para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él”. Tanto como el murió por nuestros pecados, nosotros vivimos por su vida. Cada vez que alguien nos ve, ve a justicia de Dios satisfecha. El resultado del pago, el resultado de la paz con Dios que sólo la paga por el pecado puede traer, ¡Increíble! Caminar por esta tierra, demostrando que Dios es un Dios justo, que paga a cada uno según su obra, pagó a Cristo la paga por nuestro pecado y pagó a nosotros la vida de Cristo. Muchas veces leemos pasajes como Isaías 53 y pensamos en la pasión de Cristo, en el tiempo que duró su muerte, los golpes del látigo, los golpes de los soldados, la corona de espinas; pero no sólo esto representa su sacrificio, desde un inicio él ‘se despojó de sí mismo’, tomó forma de hombre, vivió una vida sin mancha, soporto la tentación en cada momento de su vida, tanto como leemos el relato de su tentación en el desierto, la tentación estuvo ahí a su asecho cada vez, los fariseos con sus preguntas, su artimañas, las multitudes que intentaron matarle, aun las multitudes aclamándole durante su entrada triunfal o aquellos que después de ser alimentados por él buscaron hacerle rey por la fuerza. Tentado en todo, pero sin pecado. Ahora provee para nosotros esa vida, esa vida llena del poder del Espíritu Santo, una vida preparada de antemano por Dios para nosotros. Justicia en todo momento, poder en el Espíritu, abundancia en la Palabra, fruto tras fruto listo para brotar de nuestra vida, listo para con cada golpe del apasionado y poderoso martillo del Espíritu de Dios que así como formó a Cristo en la forma del pecado, ahora moldea nuestras vidas en la imagen de aquel que dio su vida por nosotros.
Gracias a Dios por cada una de las personas cuyas vidas están narradas en las páginas de su Palabra. En estos pasajes vemos de una forma muy clara la ‘incapacidad’ del hombre desde la perspectiva del ‘inconverso’ y también desde la perspectiva del ‘creyente’. Tanto como el joven rico como Pedro muestran muy claramente lo imposible que es para el hombre llegar a Dios.
1 de Juan 1:8 dice: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros” y el verso 10 dice: “Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y la verdad no está en él”. El joven rico al expresar su supuesta ‘santidad’ afirmando que él cumplía todos los mandamientos manifestaba en su afirmación su falta. Es fácil tachar al joven rico de no creyente y criticar su actitud y ver con tristeza su retirada. El mundo tiene muchas frases, “tu puedes”, “la práctica hace al maestro”, con ellas insinúa que de una u otra forma la capacidad y el poder para hacer ‘cualquier’ cosa está presente en el interior del ser humano y que si tan sólo se lo propone, no hay cosa que sea imposible. Jesús hace un comentario mientras el joven rico se retira, este comentario no iba dirigido a él sino a sus discípulos. “…difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos…” Lo impresionante no es la frase, muchos han tomado estos versos para asegurar que debemos, como creyentes, renunciar a toda posesión material y debemos vivir humildemente para poder ser acreedores al Reino de los cielos. El propósito de Jesús no era que alguien tomara esa conclusión, él no está peleado con la posesión de las riquezas, sino con el amor hacia ellas. De la misma manera como su respuesta al joven rico logró una reacción en él, esta afirmación logró una reacción en los discípulos que en esta ocasión es expresada por la boca de Pedro.
Antes de ver la reacción de los apóstoles, veamos la afirmación de Jesús. Aunque es bíblico tomar versículos bíblicos y aplicarlos a nuestra vida, bien es cierto que debemos aplicarlos al contexto en el que estos pasajes fueron escritos. La frase “…más para Dios todo es posible.” que aparece también en otros pasajes, como en el caso de la muerte y resurrección de Lázaro, expresa la realidad de que para Dios no hay imposible, pero en particular en este caso es en referente no a ‘todo’ sino a algo en especial, esto es, en respuesta a la pregunta que se hacen los apóstoles en el verso anterior: “¿Quién, pues, podrá ser salvo?”. Lo reafirma la respuesta de Jesús al decir: “Para los hombres esto es imposible…”. Dios no puede ser limitado en su capacidad, y por eso Jesús dice ‘todo’ es posible para Dios, pero esta hablando en particular no de ‘todo’ sino de la salvación. La preocupación de los apóstoles está en que, si un rico sin carencias materiales y con poder para ‘comprar’ cualquier cosa, que además ha guardado ‘todos’ los mandamientos ‘desde su juventud’, es incapaz de alcanzar la salvación, entonces ellos como humildes pescadores, llenos de faltas y errores, ¿Qué esperanza tienen?.
Aquí es donde la reacción de Pedro es importante, su mente le traiciona y piensa que quizá ellos no son ricos, ni santos desde su juventud, pero ellos han dejado todo y le han seguido, ¡Ciertamente alguna recompensa merecen! Algún mérito o premio deben recibir por tan humilde manera de renunciar a si mismos y tomar la decisión correcta que un joven que teniendo todo y de buena moral no ha sido lo suficientemente inteligente para tomar. ¿Logras ver el pensamiento detrás de todo? ¿Hasta dónde ha llegado Pedro en su lógica? Tal como el joven rico, Pedro también se ha perdido de la bendición. Jesús no está hablando de riqueza, ni de moral, ni de humildad, ni de ningún esfuerzo humano, por bueno que sea, de impresionar a Dios y pretender ofrecer algo digno de recompensa. Jesús está hablando de algo sin precio, algo grande, majestuoso e impresionante, Jesús está hablando de la salvación. Algo que para los hombres es ‘imposible’. Existen 4 palabras con el mismo significado en griego, 3 de ellas tienen esperanza. Una de ellas significa ‘sin fuerza o enfermo’, otra de ellas ‘enfermo o debilitado’ y la tercera significa ‘inadmisible’. Las tres tienen esperanza, si tan sólo la enfermedad se va, si tan sólo el descanso restaurara o si tan sólo se encuentra aquello que si es admisible. Hay esperanza para aquel que está ‘débil’, ‘enfermo’, o que no ha encontrado aquello que sea bien recibido. Pero la cuarta palabra, usada aquí significa ‘no poderoso’, falto de fuerza en su naturaleza. El hombre no necesita de Dios por estar enfermo, debil o en búsqueda de aquello suficiente, el hombre necesita de Dios porque la salvación esta fuera de su alcance. No hay nada en la naturaleza humana que puede en algún momento alcanzar la salvación, ningún esfuerzo, ninguna medicina, ninguna búsqueda podrá jamás proveer de la salvación. Ni la riqueza y la moral del joven rico, ni tampoco el auto sacrificio de los apóstoles y la fidelidad con la que le han seguido pordrían nunca darles aquello que sólo Dios es ‘poderoso’ para hacer. Está en su naturaleza, está en su capacidad y es por eso que él decidió hacerlo, sabiendo que estábamos sin esperanza. ¡Que hermoso regalo! Regalo que ninguna riqueza, ninguna satisfacción de éxito, logro o fidelidad podría jamás compararse.
El hombre ha recibido de la mano de Dios no aquello que le ahorra tiempo, que le recompensa por esfuerzo, Dios ha dado en Cristo Jesús al hombre lo que el hombre nunca hubiera podido alcanzar, la salvación de nuestras almas y el privilegio de vivir en su presencia por la eternidad.
Muchas veces pasamos por situaciones que nos llegan de imprevisto, sin avisar. En un momento pasamos de la aparente paz y tranquilidad de nuestras vidas a ser sacudidos por situaciones difíciles. El pueblo murmuró contra Dios, no entendían el porque Dios les había sacado de Egipto para pasar hambre e incomodidad en el desierto. Recordaban, según el versículo 16:3, como comían pan hasta saciarse, pero habían olvidado las duras tareas con las que los egipcios les habían oprimido y el gran clamor con el que habían elevado sus voces a Dios para que él los salvara.
La respuesta de Dios es él ‘maná’, descrito en el verso 16:14 como ‘…una cosa menuda, redonda, menuda como una escarcha sobre la tierra’ y el verso 16:31 ‘como semilla de culantro, blanco, y su sabor como de hojuelas con miel’. La palabra ‘maná’ significa: “¿Qué es esto?”, ellos no tenían idea que era, ni siquiera podían nombrarlo. Así es en ocasiones el mover de Dios en nuestras vidas, no sabemos que es. No necesitamos conocer cada detalle de lo que Dios está haciendo, debemos identificar el mover, el propósito y seguir caminando en el sentido de ese mover. Dios sabe lo que necesitamos y suple esas necesidades no sólo conforme a nuestros propósitos sino conforme a los suyos. Recordemos que sí él estuvo dispuesto a ver a su Hijo sufrir en manos de hombres y morir en una cruz para poder proveer para nosotros la salvación y que nosotros ahora le glorificamos por esa salvación y con nuestras vidas en esa salvación; él estará dispuesto a glorificarse en nostros aún si para ello tenemos que pasar por circunstancias que nos hacen preguntarnos ‘¿Qué es esto?’.
Nuestra seguridad no está en el hecho de que entenderemos todo, ni siquiera en el principio bíblico que, aunque difícil de aceptar, no siempre las cosas saldrán como pensamos o esperamos y que ciertamente pasaremos por adversidad, pruebas y consecuencias de nuestras decisiones y acciones; sino que nuestra seguridad está en que quizá nosotros no sabemos ‘qué es’, pero nuestro Dios, nuestro proveedor y el soberano de nuestras vidas sí sabe lo que está haciendo, conoce aquello que está servido frente a nosotros y siempre será su amor, su poder y su justicia lo que guie su mover en nuestras vidas y que siempre será su gloria el producto final de todo lo que él hace.